El mercantilismo es un conjunto de ideas económicas
que considera que la prosperidad de una nación-estado depende del capital que
pueda tener, y que el volumen global de comercio mundial es inalterable. El
capital, que está representado por los metales preciosos que el estado tiene en
su poder, se incrementa sobre todo mediante una balanza comercial positiva con
otras naciones (o, lo que es lo mismo, que las exportaciones sean superiores a
las importaciones).
Los pensadores mercantilistas preconizan el
desarrollo económico por medio del enriquecimiento de las naciones gracias al
comercio exterior, lo que permite encontrar salida a los excedentes de la
producción. El Estado adquiere un papel primordial en el desarrollo de la
riqueza nacional, al adoptar políticas proteccionistas, y en particular
estableciendo barreras arancelarias y medidas de apoyo a la exportación.
El mercantilismo como tal no es una corriente de
pensamiento. Marca el final de la preeminencia de la ideología económica del
cristianismo (la crematística), inspirada en Aristóteles y Platón, que
rechazaba la acumulación de riquezas y los préstamos con interés (vinculados al
pecado de usura). Esta nueva corriente económica surge en una época en la que
los reyes desean poseer el máximo de oro posible.
